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Una vez analizada su actividad artística, siguiendo este hilo sinestésico, nos adentramos finalmente en un análisis de os colores que predominan en sus obras, colores que estimulan y conforman un ambiente determinado según el fin del artista.

Goya a menudo utilizaba tonos oscuros y terrosos, como marrones y negros, para crear atmósferas sombrías y dramáticas en sus pinturas más oscuras, como en "El Aquelarre" o "Saturno devorando a su hijo".

En sus pinturas más impactantes y aterradoras, Goya emplea el rojo para representar la violencia y la brutalidad. Este color se destaca en obras como "La Quinta del Sordo" y "Los Fusilamientos del 3 de mayo".

En algunos retratos y grabados, Goya utiliza blancos y grises para capturar la expresión y la textura de la vestimenta. Este enfoque es evidente en retratos como "La Familia de Carlos IV".

Para representar los paisajes y escenas rurales, Goya a menudo utiliza tonos tierra y verdes apagados. Esto es evidente en obras como "La Pradera de San Isidro" o "La Vendimia".

En algunas pinturas religiosas, Goya incorpora azules y blancos celestiales para representar el ámbito espiritual y divino. Un ejemplo es "La última comunión de San José de Calasanz".

En retratos de la aristocracia y la realeza, Goya utiliza dorados y amarillos para resaltar la riqueza y el estatus social. Ejemplos incluyen retratos de Fernando VII y María Luisa de Parma.

Estos son solo algunos ejemplos y la paleta de colores de Goya es diversa, reflejando su versatilidad artística a lo largo de su carrera. La elección de colores en su obra contribuye a la atmósfera y el significado de cada pintura, y la interpretación puede variar según el contexto específico de cada obra.

iv.

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